Metabolismo Alterado

¿Una masculinidad plástica? Resonancias de 49: Metabolismo Alterado 

Irving Domínguez

Umelec Magazine, abril 2007.

People where / I come from / they survive without feelings or blood / I never could / was stoned to death / but I’m still living

Morrissey, He cried 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En un artículo previo (Domínguez: 2005) analicé la documentación fotográfica del performance 49: Metabolismo Alterado de Héctor Falcón

, el cual fascinó durante los años 2000 y 2001 a los diversos sectores que conforman el periodismo cultural en México

 

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Además de los registros mencionados, el artista elaboró sus propias representaciones de la acción: una serie de pintura, otra de gráfica, una más de escultura, complementadas con dibujos y la presentación del diario – bitácora del proyecto. Mi elección por el registro fotográfico no fue casual, entre el conjunto de imágenes relacionadas con el performance los polípticos que mostraban el vertiginoso desarrollo muscular del artista acompañaron un buen número de reseñas, entrevistas y notas críticas hasta convertirse en el testimonio por excelencia de su transformación física.

49: Metabolismo Alterado fue concebido como un ejercicio de crítica hacia el uso ideológico de la belleza corporal en el mundo occidental, donde operan coordinadamente representaciones específicas de la juventud, el desempeño físico y la salud que impregnan todos los ámbitos de la comunicación y la cultura popular. Sin embargo, el proyecto nunca logró su objetivo… A pesar de la radical transformación de Héctor Falcón ofrecida como obra de arte, las representaciones artísticas a través de las cuales se objetivó el cambio resultaron insuficientes para cuestionar los estereotipos relacionados con la belleza física. Incluso la serie de escultura dedicada a la representación de secuelas fisiológicas que el proceso dejó en órganos específicos del artista resultó un conjunto de sutiles abstracciones, un eufemismo de sus efectos colaterales. Pero la audiencia terminaría por conocer la angustia de quien había operado el cambio sobre sí:

BITACORA DEL PROYECTO

“Resultó más pesado de lo que yo creía. Transformar mi cuerpo en siete semanas consumiendo esteroides, realizando ejercicio aeróbico y levantamiento de pesas sometido a una dieta militar (documentando todo el proceso a través de fotografías, diarios y video) me dejé sin dinero y con una depresión cabronsísima.” “Puta… ¿voy a vivir?, ¿cuánto? Todas las preguntas que el ser puede hacerse durante toda su vida me llegaron juntas. ¿Tuve miedo? Siempre. Cada vez tuve más miedo, todas las noches tenía miedo.” (López: 2000, 1) “Yo sabía de los riesgos. Tomé un par de medicinas anticáncer. Me salió una bola en la nalga que no se me va a quitar” (Mac Masters: 2001, 1).

El desarrollo del performance llevó a su ejecutante a experimentar diversas dislocaciones tanto fisiológicas como perceptuales, las cuales afectarían de inmediato las relaciones sociales establecidas en su contexto inmediato pero también las sostenidas con el público interesado en los resultados del proyecto. Si los colaboradores y amistades fueron testigos de los cambios psicológicos y emocionales del artista, Héctor Falcón verificó el cambio en el trato social que hasta entonces había recibido como personaje público: la atención por “el atleta” desplazó el interés sobre “el artista”. En varias conversaciones sostenidas con Falcón para la realización de mi primer texto de análisis sobre 49: Metabolismo Alterado, él me compartió algunas de las reacciones suscitadas por su nuevo aspecto físico: desde el acoso sexual, incluyendo eventuales ofertas de pago, hasta la presión de algunos varones para obligarlo a revelar dónde había obtenido alguna de las sustancias ilegales empleadas con el fin de imitar sus espectaculares resultados.

Para el autor estos comentarios evidenciaban el fracaso de su propuesta, para quien escribe estas líneas subrayaban una dislocación particular: la estrecha relación entre masa muscular y la definición de la identidad masculina contemporánea (Drummond: 2003). Inicialmente había relacionado la cuestión muscular con la práctica del fisicoculturismo (Domínguez: 2005, 2), una actividad “deportiva” que le permite a un grupo definido de varones (deportistas o no) articular un discurso pragmático, performativo y misógino, es decir, que “libera” a quienes lo practican de características o atributos feminizantes. Pero la participación ideológica de Héctor Falcón en el ámbito social de los fisicoculturistas fue mínima, aunque no menos significativa, pues la incursión le permitió apropiarse de su retórica visual, diseñada para alimentar cierta fantasía de impenetrabilidad del cuerpo masculino en contraste con un discurso pragmático, performativo y de significación pobre o nula (Ian: 1996).

Según Murray Drummond, la plenitud muscular es la meta por excelencia del varón contemporáneo, un proceso de perfeccionamiento continuo en sincronía con el porcentaje de grasa en el cuerpo y el ajuste individual hacia las representaciones publicitarias del cuerpo viril. En todo caso, se establece una equivalencia entre apariencia dominante, fuerza física y masculinidad indiscutible. Las fotografías de 49: Metabolismo Alterado resultarían una adecuada objetivación de cierta fórmula estructurada sobre elementos tan dispares y heterogéneos: Cada una de las imágenes del desarrollo muscular dramatiza el estado actual del cuerpo al momento de la toma y obliga a compararlo con el resto de las fotografías que por contigüidad forman un panel. La lectura del conjunto oscila entre la afirmación del cambio corporal y la transparencia del proceso. Deliberadamente ha quedado fuera del registro cualquier indicador de cansancio o dolor. Incluso lo relativo al entrenamiento en el gimnasio y el desgaste que implicó fueron mostrados en representaciones gráficas antes que en fotografías.

PROCESO DE RELAIZACIÓN DE UNA PINTURA

El ciclorama rojo, cuya tonalidad recuerda el color y textura de la sangre, no permite que la mirada se distraiga, amplificando el esfuerzo físico. Fotografiado de frente, de espaldas (protegido por unos boxers que impiden cualquier definición de sus nalgas o genitales), con los bíceps contraídos o los brazos relajados, el cuerpo se va transformando de manera precipitada en una superficie reflejante sobre la cual se verifica la densidad de su propia constitución. Los paneles correspondientes al desarrollo de los bíceps muestran a un Héctor Falcón fascinado por esa solidez progresiva, mientras el registro de la espalda abandona el cuerpo a la mirada del espectador. Durante el registro de la acción es notoria la caída del cabello y la depilación del vello corporal, elementos perturbadores en este nuevo cuerpo. De permanecer afectarían, por sus connotaciones sensuales, la dureza obtenida.

El fotógrafo encargado de registrar el performance fue Mauricio Alejo, mejor conocido por explorar las relaciones entre objetos, luz y fotografía, elaborando imágenes cada vez más abstractas resultado de investigaciones con la forma, la escala y la representación del espacio en soportes bidimensionales. Quizá por ello lo eligió, para ser representado como un objeto, un objeto fálico.

Sin cabello, depilado, con todos los músculos perfectamente delineados, Héctor Falcón se muestra amenazador, podría agredirnos pero se contenta con sugerir la posibilidad de hacerlo, como si la misión de todo hombre viril fuera la interpretación de su propia fuerza en lugar de manifestarla. Condición de la masculinidad contemporánea, el ser masculino se ofrece como la única opción ante la imposibilidad de hacerse masculino, privilegio reservado a los obreros, operadores de maquinaria pesada, los integrantes de cuerpo de seguridad o rescate y los atletas, por supuesto (Conell: 1983, citado por Drummond).

Esta caracterización de la virilidad como un desempeño constante recuerda lo que Judith Butler ha establecido sobre las identidades de género:

“El género no debe interpretarse como una identidad estable o un lugar donde se asiente la capacidad de acción y desde donde resulten diversos actos, sino más bien, como una identidad débilmente constituida en el tiempo, instituida en un espacio exterior mediante una repetición estilizada de actos. El efecto del género se produce mediante la estilización del cuerpo y, por lo tanto, debe entenderse como la manera mundana en que los diversos tipos de gestos, movimientos y estilos corporales constituyen la ilusión de un yo con género constante.” (Butler: 2001, 171 y 172)

La puesta en escena de Héctor Falcón como atleta y la disonancia que esto provoca respecto de su condición pública como artista revela dicha inestabilidad. Como varón ha transitado de una interpretación de la masculinidad a otra, instalándose brevemente en una experiencia corporal y de género ajena a los procesos creativos y reflexivos (o al menos, eso dictan los estereotipos). Parecería un abandono de los procesos racionales/subjetivos con el fin de obtener resultados tangibles con beneficios inmediatos sancionados por otros varones, al menos en los espacios cotidianos donde esa masculinidad recién obtenida tendría aplicaciones prácticas pero también simbólicas y políticas (véase Bourdieu: 2000, 45 – 54). Pero Héctor Falcón decidió regresar a la experiencia masculina ligada a su vida de artista.

Desde una posición pragmática esto significaría un gran error, un suicidio político, porque se abandonan las posibilidades de herramienta de coerción que ésa condición física adquirida posibilita. Sin embargo, Falcón ya habría experimentado las ventajas de una experiencia intensa de lo social a través de la mera apariencia física: en su época de estudiante universitario se había desempeñado como modelo profesional, realizando pasarelas y sesiones fotográficas. Héctor sabía de antemano sobre los asuntos relativos a la estética corporal, sujetos a constantes evaluaciones que siguen estándares relativamente homogéneos. La belleza física es siempre mensurable, volumétrica y perceptivamente, como lo evaluado es el cuerpo en sí, se eclipsa la arbitrariedad de los distintos procesos de modificación corporal que facilitan la concordancia entre ciertos individuos y aquello estándares específicos hacia los cuales pueden responder de manera efectiva. Esta opacidad es vital para generar un marcado contraste entre la etapa inicial del cambio y su resultado final, condición similar al proceso de manipulación corporal a través del fisicoculturismo.

El transito por distintas experiencias de lo masculino, de modelo profesional a artista visual y luego a fisicoculturista para regresar a la condición de artista, le ha permitido a Héctor Falcón señalar los usos que ciertos preceptos estéticos reciben en el ámbito de la industria cosmética y del deporte. Siete años después de 49: Metabolismo Alterado Falcón ha mantenido un vivo interés en las técnicas de modificación del aspecto corporal con fines cosméticos aplicadas en su cuerpo de un modo arbitrario o absurdo. La serie Registros vitales (2001 – 2003), la cual puede considerarse una extensión del performance mencionado, está conformada por un conjunto de acciones sobre el cuerpo del artista que “desvían” prácticas regulares del arreglo personal (rasurado, corte y teñido del cabello) en combinación con técnicas cada vez más agresivas como el tatuaje o el bronceado inducido, hasta marcarse la cara interior del brazo izquierdo con un hierro candente (Pain). A través de ellas Falcón ha obviado el grado de manipulación ejercido sobre el cuerpo humano y el género masculino en función de una experiencia de lo bello en el estado actual de la cultural occidental. No es casual que las muestras individuales realizadas entre los años 2002 y 2006 se identifiquen con el nombre del artista, pues el cuerpo del autor sigue experimentando nuevas transformaciones, algunas efímeras, otras permanentes.

Falcón ha integrado en estas revisiones sobre la belleza el cuerpo de la mujer. En todo caso, se ha encargado de subvertir el sentido cosmético de algunos de sus adornos corporales para realizar experiencias estéticas donde las participantes son obligadas a permanecer inmóviles por un cierto lapso de tiempo, provocando esculturas efímeras a lea vez de evidenciar la carga misógina de estos “accesorios de la feminidad”. Link (Japón, 2002) lo demuestra con una fuerte carga lúdica: un grupo de colegialas japoneses aceptan unir sus cuerpos a través de las aplicaciones de piercing que llevan consigo. La cadena humana es fruto de un orden caprichoso, los cuerpos son encadenados a través de apéndices colocados voluntariamente, dispuestos de modo arbitrario según la voluntad de quien lo usa. Para Eleganza (Ciudad de México, 2003) el artista reclutó modelos profesionales quienes aceptaron ser unidas entre sí mediante uñas postizas estilizadas para la ocasión. En esta pieza quedan de manifiesto las imposiciones ejercidas sobre las participantes y sus cuerpos al perseguir un efecto cosmético intenso, situación regular la industria de la moda pero hasta hace poco explorada por el arte contemporáneo. Es tentador establecer nexos entre esta pieza y los performances seriados de Vanessa Beecroft pero mientras las participantes de sus acciones quedan bajo el resguardo de una institución o distancia física, Héctor Falcón las deja expuestas ante un público escéptico, indiferente, en el peor de los casos irresponsable.

¿Acaso es inevitable la vulnerabilidad física del individuo cuando decide “embellecerse”?, ¿qué tipo transgresiones operan sobre la identidad de género durante el proceso de cambio?, ¿se trata de una alteración reversible o permanente?, ¿es posible atisbar una respuesta si se analizan los procesos médicos ligados a la cirugía plástica? En su exposición individual correspondiente al 2006 presentada por la Galería Enrique Guerrero en la Ciudad de México, Héctor Falcón reunió un conjunto de representaciones visuales clínicas que el artista realizó ex profeso aprovechando nuevas tecnologías médicas para el diagnóstico de enfermedades y demás trastornos fisiológicos. La exploración de sus posibilidades estéticas, tanto bidimensionales como tridimensionales, revela cuán frágil es la construcción de la identidad individual al ser abstraída por la medicina, fragmentada y objetivada de nueva cuenta en reproducciones cuyo grado de abstracción sólo es inteligible para un grupo de profesionales dedicados a resolver un reto médico específico.

En un esfuerzo por recuperar el contexto mínimo de la personalidad de cualquier individuo a través de su cuerpo, Héctor Falcón juega con los huecos y protuberancias irrenunciables que conforman la economía clínica. Es el caso de Aliento (2006), donde una tomografía reproduce el momento en el cual infla sus mejillas mientras contiene aire en su boca. La pieza continúa en un vaciado tridimensional que materializa esta ampliación interna por un mero juego de elasticidad orgánica, magnificando un acto intrascendente gracias a un avance de la ciencia médica. Operación consciente, estas piezas contrastan con la ensoñación artificial que produce la anestesia en los rostros de pacientes a punto de ser intervenidos para una cirugía facial y registrados fotográficamente (Waiting, 2006). El resto de la exposición impedía al espectador olvidar la materialidad en tránsito que implican las cirugías “estéticas”. He ahí el racimo de implantes de seno en silicón o la grasa del artista extraída para rellenar la palabra Self tallada sobre madera.

La obra de Orlan se ofrece cual referencia obligada al recorrer cada una de las piezas de Falcón pero la experiencia de género incide como un hacha, marca una dirección al someter a juicio constante el trabajo del varón artista y del artista ocupado, por no decir obsesionado, con su virilidad, con su representación. ¿No es acaso la masculinidad una operación incesante a través de la cual se busca demostrar la infalibilidad de quien intenta resolverla? ¿No es el fracaso uno de los factores determinantes de la virilidad, es decir, no es lo importante sobreponerse al error y triunfar sobre él?, ¿para qué, hasta dónde? “Éste que ves, engaño colorido, (…) / es cauteloso engaño del sentido; (…)” diría nuestra querida Sor Juana Inés de la Cruz.

En la Ciudad de México a 11 de mayo del 2007, año del “destape chilango”, Centro Histórico.

Referencias:

Proyectos artísticos de Héctor Falcón (hasta 2005): http://www.hectorfalcon.com.

Currículum actualizado y obra reciente en:

http://www.galeriaenriqueguerrero.com/artistas/f_hectorfalcon/a_porthfalcon/porthfalcon.htm.

Pierre Bourdieu, La dominación masculina, Barcelona, Anagrama, 2000.

Judith Butler, El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad, México, Paidós, 2001.

José Miguel Cortés, “Héroes caídos. Masculinidad y representación” en José Miguel Cortés (editor) Héroes caídos. Masculinidad y representación, Espai d’Art Contemporani de Castelló/Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana, 2002.

Irving Domínguez, Héctor Falcón y su Metabolismo Alterado: una construcción de lo masculino en Fisura. Revista de arte y literatura, número 4 (versión electrónica), sección Miradas: http://www.revistafisura.com/4a-10-1.html, en línea desde octubre del 2005 (texto en español).

Murray Drummond, Men’s bodies and the meaning of masculinity en Masculinities: Gender, Art and Popular Culture, The Ian Potter Museum of Art – The University of Melbourne (memorias digitales del Simposio 2003):

http://www.art-museum.unimelb.edu.au/events_transcripts.aspx?type=Symposium&typetitle=Masculinities:%20Gender,%20Art%20and%20Popular%20Culture.

Marcia Ian, “When is a body not a body? When it’s a building” en Joel Sanders (editor) Stud. Architectures of masculinity, Nueva York, Princeton Architectural Press, 1996.

María Luisa López, Metabolismo Alterado, entrevista con Héctor Falcón en Milenio Diario, 24 de junio del 2000, tomado de la trascripción disponible en hectorfalcon.com

Jeffrey Weeks, “¿Héroes caídos? Todo sobre los hombres” en José Miguel Cortés (curador) Héroes caídos. Masculinidad y representación, Espai d’Art Contemporani de Castelló/Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana, 2002.

PROCESO ANABOLICO 1 1999-2000 IMPRESION COMOGENEA 20 X 24 PLG
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Metabolismo alterado

Por: María Luisa López

Periódico milenio

24 junio 2000

 

PERIODICO MILENIO

PERIODICO MILENIO

 

“El arte es una ideología, la belleza, mera convención”


Atraído por la idea de la belleza estandarizada -impuesta, sobre todo, en lospaíses desarrollados del mundo occidental-, el artista multidisciplinario

Héctor Falcón (Culiacán,Sinaloa 1973) decidió convertirse en obra de arte para criticarla. El creador mexicano transformó su cuerpo en siete semanas medianteel consumo de esteroides, asumiendo incluso el riesgo de la muerte y sin dejar de lado los efectos secundarios que podrán manifestarse más tarde. MILENIO Diario presenta parte del documento fotográfico, así como el polémico testimonio del artista.

Resultó más pesado de lo que yo creía. Transformar mi cuerpo ensiete semanas consumiendo esteroides, realizando ejercicio aeróbico y levantamiento de pesas sometido a una dieta militar -documentando todo el proceso a través de fotografías,diarios y video- me dejé sin dinero y con una depresión cabronsísima.

Han pasado cinco meses desde que terminé el proyecto y ahora me siento bien.No sé cómo se me ocurrió.Yo había trabajado en un gimnasio a los 18 años y vi gente que se metía esteroides. A partir de entonces hice muchas lecturas sobre el tema sin ninguna pretensión. Me llamó la atención la gente que va al gimnasio y lo utiliza con la intención de pertenecer a un grupo, de estar in, de alcanzar esa convención de belleza sin importar los riesgos y cumplir con losrequisitos sociales.

Este trabajo es una crítica a esa idea de poner en riesgo tu vida con tal de pertenecer a cierto grupo. Haciendo una transformación radical,con resultados similares a los de la cirugía plástica, sólo que en un proceso más rápido, de 49 días. Critico la insistencia del individuo por adquirir status de pertenencia, buscando ser otro, ser diferente por esa “belleza”, como otros lo hacen por dinero. Por eso decidí no involucrar a otros en el proyecto,sino hacer uso de lo que considero más importante: mi vida.

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LO BELLO

Los conceptos de belleza han cambiado. Hace algunos siglos, tener una apariencia atlética indicaba que uno era esclavo, ahora el concepto es totalmente distinto y siempre está vinculado con Estados Unidos: la idea de la mujer con senos grandes rubia, o el hombre atlético y con poca grasa, incluso con niveles menores a los porcentajes necesarios, situaciones que se dan cada vez más con el ejercicio acompañado de los anabólicos.

¿Por qué lo hice en tan poco tiempo? El trabajo no significaría lomismo si hubiera pasado tres años haciendo ejercicio; en ese caso, sí estamos hablando de “mente sana en cuerpo sano” aquí (sería como “mente insana…” o más bien “apariencia sana dentro de un cuerpo no tan sano o más propenso al daño”.

Pude haber muerto en el proceso, por eso no alquilé a otra persona, yquizá muchos que consuman grandes cantidades de esteroides podrán decir: “Este güey no se metió nada”, pero lo cierto es que sí corrí el riesgo de perder la vida. Le metí a mi cuerpo lo que puede consumir un fisicoculturista en un periodo de entre dos y cuatro años.

Eso fue lo interesante, cómo se trabaja con el metabolismo rompiendo la estructura químico-biológica del cuerpo para hacerlo crecer. Hay hormonas que pueden hacer crecer los huesos, producir gigantismo o provocar la formación de senos o el cambio del color de la piel. Yo sabía el cambio que iba a experimentar pero no tenía… no puedes tener la certeza absoluta de qué va a suceder.

La administración de sustancias que no sé como definir… drogas quizá no lo son, depende del concepto de droga que se tenga, pero que no son de consumo general, incluso es ilegal y definitivamente peligroso. No es bien visto que se usen, ni siquiera con “fines deportivos”. ¿Que cómo conseguí los esteroides? Con ingenio y perseverancia.

¿Qué es para mí la belleza? ¿Existe? La invasión de anuncios publicitarios y televisivos en torno del cuerpo hace mucho énfasis en que uno es específicamente lo que ve. Es un poco fascista ¿no?, clasista. La situación de la belleza. La situación de la belleza es mera convención, no existe. La belleza es enseñada, y en ese sentido, se nos inculca que no puede ser de otra manera que el tener un cuerpo como el que muestran esos anuncios.

La belleza no es algo libre, a lo que yo acceda; son estereotipos, cánones, pero no creo que exista la belleza intrínseca en el objeto o en os seres.

Por ejemplo, cuando tienes sexo con alguien que te gusta y que convencionalmente te parece bella, quizá lo que te excita es saberla en cuanto a la convención. Si lo convencional se rigiera por otras características en lo bello, quizá tendrías relaciones con esa persona en especial.

 

METABOLISMO ALTERADO

METABOLISMO ALTERADO

 

LA CONCIENCIA: EL ARTE

Si.Ya sé que muchos podrán preguntarse ¿cómo puedo hacer una crítica haciendo aquello que critico. Pero para mí eso es la conciencia, el arte. Ladiferencia entre una acción normal y el arte, radica en la conciencia. Por eso conocí con antelación los posibles efectos secundarios, realicé una bitácora de la experiencia y decidí tomar fotografías -que son de mi autoría, aunque quien disparó fue mi amigo, el fotógrafo Mauricio Alejo. Él está de acuerdo además de filmar algunas escenas de la transformación de mi apariencia. Elegí cómo deberían ser las fotos: el fondo rojo, por ejemplo, no pretende acercarse a una página de “belleza” de una revista con cánones de fin de milenio donde se muestran pieles tersas como duraznos. Es quizá hasta violento. La luz utilizada tampoco buscaba contribuir a mi mejor apariencia, y las posturas del cuerpo atlético, que muestran en algunos casos las estrías del excesivo crecimiento, pueden llegar a lo grotesco, pero esa era la intención. En estas imágenes estoy presentando que, dentro de un canon de belleza culturalmente aceptable, también se encuentra, al mismo tiempo, todo lo contrario. Por eso no hay maquillaje ni una búsqueda de estética, insisto, convencionalmente bella.

Esa es la manera que encontré para atacar un sistema, aunque me gustaría que la obra permaneciera abierta a la interpretación de quien la conozca, y que no quede restringida a la crítica de la belleza convencional.

EL MIEDO, LA OBRA

Qué diferente es saber que al consumir esteroides los riesgos son la pérdida de cabello, la impotencia, el cáncer de próstata o su agrandamiento, el daño hepático (qué bueno que no tomo ni una gota de alcohol desde los 18 años), la disfunción testicular, la agresividad, la alteración de la presión arterial y el acné (bueno, eso es lo de menos), que padecer los efectos, y sentir que a cada minuto existe el riesgo de todo eso y más.

De pronto despiertas un día a las tres de la mañana como señora menopáusica y sudoroso. Te falta la respiración. Tus pensamientos sin claridad por tanta mugre que tienes dentro. Sintiendo que no cabes en tu cuerpo porque crece más rápido de lo que la piel está creciendo y los músculos están tan rígidos. Estás agresivo Mientras transcurrían las semanas y aumentaban las dosis, aunque no quería, pensaba en el peligro. Decía: “Puta… ¿voy a vivir?

 

PARTE DE LA DOSIS DIARIA

PARTE DE LA DOSIS DIARIA

 

¿cuánto?” Todas las preguntas que el ser puede hacerse durante toda su vida me llegaron juntas. ¿Tuve miedo? Siempre. Cada vez tuve más miedo todas las noches tenía miedo.

Llegó el día en que mis pantalones ya no me ajustaban de la cintura ni de las nalgas, y mis brazos -que crecieron aproximadamente 17pulgadas- ya no cabía en las mismas playeras, tampoco los podíadoblar como antes para dormir. ¡Era horrible! Una noche se meentumió el estomago, y creo, el hígado. Después me dio una taquicardia cabrona cuando empecé a tomar clembuterol, que quema la grasa.

¡Por fortuna no me dio un paro cardiaco! Me sentí muy mal. Tenía insomnio. El primer mes padecí de estreñimiento, iba al baño y salía sangre. ¡Me cagaba de miedo!

Con el ejercicio llegué al exceso. De cargar 80 kilos pasé a 180. Se me pudo desprender el músculo del pecho o los bíceps. ¡Ah y en pierna llegué a levantar 300 kilos! Pero no me pasó nada. No siempre pensé en los riesgos, también pensaba constantemente en la obra.

 

ENTRENAMIENTO

ENTRENAMIENTO

 

Y luego la comida. Fueron diferentes etapas, pero en todas con unadisciplina militar. Me producía un antojo terrible de una torta de queso, no fue placentero. En Navidad y Año Nuevo me la pasé comiendo cosas que no quería comer. ¡Qué fastidio, las tres o cinco latas de atún diarias! Lo odio, no puedo comerlo más. A diario un kilode pechuga, un kilo de arroz otro de frijol, hasta 30 claras de huevo cocidas, nada de sal, hasta ocho galones de agua… ¡Uuuufffff! Esa dieta tampoco fue sana pero si me estaba arriesgando a la muerte, qué importaba una descompensación alimenticia.

FUI UNA OBRA DE ARTE

Muchos dirán que esto no es arte. Para mí sí. Hasta fumar puede ser arte, no cuando quieres romper el record Guinnes, pero sí cuando tienes bases filosóficas, culturales o políticas, contextos.

Lo que hice lo han hecho muchos, pero no con mi idea. Yo no pretendo vender un producto sino una ideología que critica lo que muestro. No lo hice con fines comerciales. La idea de la venta no sólo es monetaria, también es ideológica. El arte puede tener diferentes funciones, alguien lo realiza y otros lo legitiman. No creo que Da Vinci estuviera pensando,cuando pintaba La Gioconda, que iba a ser la obra más importante de todos los tiempos.

¿Si no existiera la palabra arte? Yo seguiría haciendo las mismas cosas, el arte es sólo una clasificación. Y tampoco es cierto que todos tienen que sentir algo cuando lo ven.

Me considero una obra de arte. En este momento ya no. Pero sí lo fui durante todo el proceso de este proyecto, el proceso mismo lo fue, y por supuesto el resultado. Casi nadie conoce este trabajo y estoy a unos días de irme por un año a Japón. Lo dejo en manos de mi galerista, Enrique Guerrero, él se hará cargo de buscar un espacio donde exhibirlo. Cuando esto terminó me hice análisis médicos. Claro que salí dopadísimo pero sin daños fuertes en apariencia, aunque a futuro pueden hacerse latentes, pero no pienso mucho en ello. Ya no puedo hacer nada. Uno nunca sabe, tal vez me muera antes o muera muy viejo sin que nada malo haya sucedido. También existe el azar. Ahora sigo haciendo ejercicio, como un hábito de salud aunque mi proyecto diga todo lo contrario.

¿Soy el mismo después de esto? No. Pero uno es otra persona cada momento, cada libro, cada experiencia. Como una computadora, con nuevos programas, en fin, hasta cuando te asaltan, después de eso, eres otro.

LA DEPRESIÓN FINAL

Después de todo, me dio una depresión biológica. Sí, no psicológica como cuando te deja tu novia. Llegué a un nivel en el que sólo dormía. No quería estar. Me fue muy mal. Nunca pensé en matarme, pero si llegó el momento en que no tenía sentido estar. Ahora estoy bien. Tuve que tomar muchos antidepresivos para poderme regular, esos no me los mediqué yo como lo hice con los esteroides y la dieta, gracias a lo que sabía de fisicoculturismo, biología, tratados de endocrinología y fármacos.

¿Qué me dejó todo esto? Ahora que han pasado algunos meses y pienso en que pude haber muerto de pronto si digo “¡qué pendejo!” Pero el hecho de defender tus ideas con tu vida no tiene problema ¿no? No me arrepiento de nada de lo qué he hecho en mi vida, toda experiencia te deja algo chingón.

Sí me dejó algo: cansancio, satisfacción, me quitó dinero, mucho, entre 13 y 15 mil dólares -nadie me financió-. Pero eso no importa, y no porque tenga mucho, sino porque lograr hacer lo que quieres es lo importante, en la primaria, en la prepa, con tu mujer, en el arte. Muchos creen que el arte dice la verdad o que a ravés de él llegarán a la verdad suprema. No es cierto. El arte es una postura, una ideología, insisto, incluso, una extensión del ocio.

Consumo en siete semanas

Los esteroides ingeridos en diferentes dosis durante siete semanaspor el artista, equivalen a lo que “normalmente“ podría consumir un fisicoculturista en un periodo de entre dos y cuatro años.

•Winstrol y Winstrol Depot 

•Andriol (undecanoato de testosterona)

• Equi-Gan (undecilenato de boldenona inyectable / uso veterinario)

•Norandren 50 (uso veterinario)

•Clembuterol

• Anavar

Complementos Alimenticios

•Amino 2222

• L-Carnitina

• Cytobol

•Razor Cuts

•Met-Rex

•Polvo Proteico

•Picolinato de cromo

Alimentación

85 litros de leche descremada

966 claras de huevo

52 kilos de pechuga de pollo

152 latas de atún en agua

Arroz, avena, pastas, yoghurts, papa, jitomate, camote y otros

vegetales (no contabilizados)

Costo neto del proyecto

15 mil dólares

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La prótesis de Protéo

Héctor Falcón y el hecho multireferencial del cuerpo abolido

Por Ricardo Pohlenz

Es inútil querer pensar que cuando el artista transgrede los territorios formales para expresarse no sucede con ello un acto

 Arthur Cravan

Arthur Cravan

político. Eso no quiere decir que los medios más tradicionales de expresión plástica no lleguen a tal extremo, pero –en sí- lo político no les es inherente, y cuando lo es, acaba por ser de la peor manera. Arthur Cravan, escritor y boxeador amateur cercano a los dadaístas, nos sirve de ejemplo remoto de la acción como arte (y vehículo político), según sus escritos, cometió el robo perfecto en una joyería suiza y viajo con pasaportes falsificados por toda Europa, además de por Estados Unidos, Canadá y México durante la guerra. Pero se le recuerda, sobre todo, para haber enfrentado en el ring al Jack Johnson, campeón mundial de peso completo, el 23 de abril de 1913 en Madrid (cayó noqueado en el primer asalto). En sus acciones estaba la tentación de lo distinto, de otro orden, de una abolición a través del sacrificio y su espectáculo, entre lo real y su simulacro (que tiene en el cómico estadounidense Andy Kaufman su última gran encarnación).

En 1999, Héctor Falcón decide llevar a cabo un proceso de mejoramiento corporal, a partir de una dieta rica en proteína, ejercicio aneróbico en gimnasio y el consumo de esterioides como parte de una acción de la que queda, como testimonio, una serie fotográfica y varios videos realizados con la ayuda de Mauricio Alejo que da fé del proceso, algunos dibujos, una serie pictórica que hace representación de los aparatos de ejercicio

(semejantes en su diseño a los objetos de la mecánica sublimada de Duchamp) y una bitácora en la que anotó día con día, consumos, rutinas y observaciones de esos 49 días. Frente a las fotografías realizadas en momentos señalados de su transformación uno está frente a la evidencia que niega y afirma a la vez la promesa mediática del antes y después. Héctor

Falcón se transforma ante nuestros ojos, de tener un cuerpo convencional no sin tono muscular pero con esa adiposidad que es consecuencia de una vida sedentaria- a un superhombre. El proceso de Héctor Falcón traza un mapa en pos de la excelencia de lo posible, de su apariencia, tan evidente como ilusioria, que alcanza un ideal corporal de exacerbación clásica. En los sacrificios de tal proceso, descritos tanto en una entrevista testimonial hecha por María Luisa López (Contra la belleza convencional, Milenio diario, 24 de junio de 2000) y en la bitácora, Falcón hace una afirmación consecutiva y sistemática de su cuerpo, de su resistencia, su tolerancia y sus límites, hasta que, en tales términos, acaba por negarlo. Su cuerpo no es cuerpo, si no el resultado de un proceso: transformado, no podemos verlo, no podríamos reconocerlo de no ser por su rostro, que se repite como el gesto que hace una sucesión del hecho corporal y su desaparición.

 

Ron Athey

A diferencia de Santiago Sierra, quien recluta voluntarios para sus acciones entre la mayoría silenciosa, Falcón es vehículo de su propia acción; según declara, teme por su vida, en gran medida por el consumo de esteroides (mucho mayor al de cualquier fisicoculturista). A pesar de las diferenciales esenciales de sus acciones (diferencias que son, de hecho, de índole política) tienen como recipiente y vehículo al cuerpo humano, sus extensiones posibles, su situación y lugar. Sus acciones tienen obviado todo valor ritual (que existe, todavía en el aktionista Nitsch o en las laceraciones perpetuadas por Ron Athey) y tienen su sentido en cuanto a que polarizan o pardian el contenido y retórica de los medios masivos.

 

Charles Atlas

Falcón, quien antes de la acción se ejercitaba como pintor, intenta como prueba y reflejo de su proceso- un mismo dibujo, antes y después de una sesión de gimnasio. Las diferencias en el trazo y consecusión son dos momentos de un estado alterado, una vindicación de tal estado (muy semejante, otra vez, al antes y después que promete mejoras corporales y físicas, desde Charles Atlas y su sistema de tensión dinámica hasta las sustancias y artefactos que se anuncian en la televisión) que niega una actualidad en aras de un futuro prometido. No es de extrañarse que Falcón sienta una gran afinidad por la cultura popular contemporánea del Japón (donde residió durante un año, justo después de finalizada su acción). Con referencias como Ghost in the Shell o Tetsuo, donde el cuerpo humano se ve violado por protesis tecnológicas, el cuerpo acaba por ser visto como un

GHOST IN THE SHELL

GHOST IN THE SHELL

chasis con partes de recambio. Entre la violentación que sufre la idea de cuerpo y la extraña censura del sistema (que prohibe –por ejemplo- toda exhbición de vello), el cuerpo es puesto en evidencia de modo tal que de- saparece, que queda, sobre todo, como una conciencia de cuerpo.

En esto, en la pervivencia de esa conciencia, queda proyectada la obra plástica de Héctor Falcón. Hay un antecedente a su serie 1-800, donde sobrepone violentos atributos caricaturescos a mujeres retratadas al aereógrafo con fidelidad fotográfica, parodia sublimada de los anuncios de sexo telefónico que abundan en la sección de clasificados de las revistas pornográficas. Esta misma perspectiva de estética transgredida (conseguida en la confusión alevosa entre lo estético y lo cosmético) puede apreciarse en su trabajo más reciente, donde proyecta con aereográfico, de nueva cuenta con un realismo que simula lo fotográfico. Sea con minucia exacerbada, como en el caso del rizador de pestañas del tríptico Cest ne pas une pipe (una cosa dice la otra), o de calidad borrosa, como en el caso de los frascos de maquillaje del tríptico Estética Unisex. El sentido paródico y vocación mutilatoria (de lo cosmético) se hace evidente en su transcripción –hecha de catálogo- de ojos y máscaras para ojos o en el reconocimiento de una condición decorativa (y utilitaria) al plasmar ojos en pequeños recuadros sobre tapiz de mobiliario. Así como también, tan pertur- badora como ideal, en los cortes de pelo que sobreviven –como sentido y parte- más allá de sus posibles cabezas y rostros, anónimos y multiples en la posibilidad de redención de su apariencia física.

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2 Respuestas a “Metabolismo Alterado

  1. Actualización de una de las referencias del artículo “¿Una masculinidad plástica? Resonancias de ’49: Metabolismo Alterado'” de Irving Domínguez:

    El texto “Héctor Falcón y su Metabolismo Alterado: una construcción de lo masculino” ya no se encuentra disponible en línea, pero se puede consultar su versión impresa en:

    “Pensar el cuerpo”, Elsa Muñiz y Mauricio List (coordinadores), serie Memorias. Biblioteca de Ciencias Sociales y Humanidades, Coordinación de Difusión y Publicaciones de la División de Ciencias Sociales y Humanidades, UAM-Azcapotzalco, México, 2007, pp. 105 – 117.

  2. Llevo algún tiempo siguiendo la trayectoria profesional de Héctor Falcón, Me interesan sus posturas artísticas e ideológicas. Me fue muy interesante leer esta información a la que he tenido acceso por otros medios, entre ellos algunos artículos que el propio Falcón me facilitó.

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